La Iglesia de Dios no podría existir, ni tampoco crecer como ahora, sin las enseñanzas de amor de la Madre. La Lección de la Madre, que está esculpida en los corazones de todos los miembros, es el alimento espiritual y guía que hacen más hermosa y fortalece las almas de los santos. La Madre les enseña a amar a su prójimo como a sí mismos, y a mirar el mundo con un corazón benigno. Los santos de la Iglesia de Dios, con el amor de la Madre, toman la delantera en el respeto hacia los mayores, en el amor al prójimo y en protección del medio ambiente; ellos juegan el papel de la sal y la luz del mundo. Así como la Madre nos muestra un ejemplo tomando la iniciativa en toda actividad voluntaria, los miembros de la Iglesia de Dios se han esforzado en difundir el amor de Dios con obras, y no solo con palabras. Los que no pueden mirar con indiferencia los grandes y pequeños, tristes y felices acontecimientos de la nación: Ellos son los miembros de la Iglesia de Dios. Como un refugio para apoyarse cuando ocurre algo difícil, la Iglesia de Dios estaba al lado de las familias desconsoladas, ofreciendo su apoyo. También trabajaron como alentadores en los Juegos Asiáticos Busán 2002, en los Juegos FESPIC 2002 y en las Universiadas de Daegu 2003. La Iglesia de Dios se ha esmerado en compartir el amor con la sociedad y conmover al mundo entero. Su dedicado esfuerzo para la sociedad fue reconocido por el gobierno, por lo cual la Iglesia de Dios recibió el Premio Presidencial en el año 2003, la Condecoración de la Orden Presidencial al Mérito Deportivo en 2004 y muchos otros premios grandes y pequeños. Este fue el resultado de la fe de aquellos que pusieron en práctica la Lección de la Madre.