La gente del mundo crucificó a Jesús, quien vino
como el Salvador, porque no creían en la Biblia
ni en las profecías de los profetas. De la misma manera,
en la época del Espíritu Santo la gente no reconoce
al Espíritu y la Esposa que han venido a salvarnos
de acuerdo con las profecías, y los blasfeman,
pero Dios da la bendición de la eterna salvación
a sus hijos que lo reciben con fe absoluta.