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Hasta que volvamos al reino de los cielos
y a los brazos del Padre y la Madre Celestiales,
cada uno de nosotros tiene su propia cruz que
necesita llevar, y el refinamiento que debe atravesar.
Al refinamiento le sigue el dolor, porque es
un proceso para eliminar nuestras impurezas espirituales.
Sin embargo, debemos superar ese dolor
y hacer un esfuerzo para ir por el camino correcto,
orando a Dios. (Jesucristo dio un ejemplo
de superación de las tentaciones.)