Los que no tienen ninguna meta, solo buscan
una excusa para no realizar la misión.
Cuando Moisés y Jonás tuvieron una meta,
surgió la ansiedad en su corazón, con la cual
predicaron a Dios y cumplieron grandes obras.
Del mismo modo, hemos sido llamados para salvar
a los siete mil millones de personas. Así que debemos
salvar al mundo con una clara meta y ansiedad.