Todos los seres humanos vinieron a esta tierra porque pecaron en el cielo.
Sin conocer su vida anterior, las personas viven como esclavos de la muerte y al final son destruidos. ¡Qué lamentable!
Como los príncipes y princesas celestiales, pongamos nuestra esperanza en las cosas del cielo, guardando las leyes de Dios.
El deseo de la carne es contra el Espíritu, y nos impide entrar en el cielo.
Como vemos en la parábolda del rico y Lázaro, no hay otra oportunidad de ser perdonados de nuestros pecados después de que nuestra vida en este mundo termine.