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Todos los seres humanos fuimos sentenciados a muerte
por causa de los pecados que habíamos cometido en el cielo.
Antes de que se ejecute el juicio, debemos bautizarnos
para recibir el perdón de los pecados y ser salvos.

El bautismo se realizó de inmediato dondequiera que fuera,
cuando el Espíritu Santo obraba, como podemos ver en los casos
del eunuco etíope y Felipe, Cornelio y Pedro, y el carcelero y Pablo.