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Figura y sombra; estas dos palabras tienen algo en común. Pueden existir solo cuando existe su realidad.

Una figura o copia es lo que fue hecho imitando la realidad. En otras palabras, para que exista una copia, debe existir la realidad, el objeto de la copia. Lo mismo sucede con una sombra. Una sombra no puede existir por sí misma. Cuando la luz ilumina sobre un objeto, la realidad, se crea una sombra con tal forma. Si hay una sombra, debemos entender que existe la realidad.

El sistema familiar da testimonio de Dios Padre

“los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales,”Hebreos 8:5

La Biblia testifica que la tierra y el cielo tienen una relación de sombra y realidad. Esto implica que podemos averiguar sobre el sistema familiar celestial a través del sistema familiar terrenal.

El padre es el representante de los miembros de una familia. Es lo mismo con la familia celestial. El apóstol Pablo testificó que, así como existe un padre físico en la tierra, también existe Dios Padre en los cielos (Hebreos 12:9). Jesús reveló a Dios Padre mediante el “Padre nuestro” (Mateo 6:9).

¿Puede un hombre ser padre por sí mismo? Sin importar cuántos años tenga, un hombre solo no puede ser padre. No obstante, aunque sea joven, si cumple ciertos requisitos, puede convertirse en padre: debe tener un “hijo” que lo llame padre. Así como los padres en esta tierra tienen sus hijos, el Padre celestial también tiene hijos.

“Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.”2 Corintios 6:18

El sistema familiar da testimonio de Dios Madre

Entre los miembros de la familia, hay una persona que nunca puede ser excluida: la madre. La existencia de una madre es absolutamente necesaria para alumbrar a los hijos y criarlos. Si existen el Padre celestial y los hijos celestiales, entonces debe existir la Madre celestial que da vida a los hijos.

“Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.”Gálatas 4:26

El pensamiento de que la Madre celestial no existe, es una conspiración de Satanás para sacudir los cimientos de nuestra fe. La providencia de esta tierra, la figura y sombra, y la Biblia nos muestran con claridad que la Madre celestial, es decir, Dios Madre, debe existir.

Dios Padre y Dios Madre pusieron su carne y su sangre en la Pascua del nuevo pacto y convierten a los que la guardan en sus hijos (Lucas 22:19-20). La bendición de ser hijo de Dios no puede compararse con nada de este mundo. Es porque los hijos de Dios son los herederos, por lo cual heredan toda la gloria del cielo (Romanos 8:16-18).

Aunque un hombre sea grande, si no heredamos su carne y su sangre, no podemos ser sus hijos. Asimismo, si no heredamos la carne y la sangre de Dios Padre y Dios Madre a través de la Pascua del nuevo pacto, no podemos ser los hijos celestiales.