Dios vino en carne y nos enseñó a arrepentirnos.
Podemos ir al cielo a través del arrepentimiento,
y ese camino es el camino de la vida.
La ira y el juicio de Dios esperan a los que no se arrepienten.
A fin de deshacernos de la dureza y la naturaleza perversa
y renacer, necesitamos la firme resolución de vivir
de acuerdo con la palabra de Dios, y necesitamos ponerlo en práctica.