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A través del orden de Aarón, la ley del antiguo pacto, que es el sacrificio a Dios con la sangre de animales, no podemos recibir el completo perdón de pecados ni la salvación.
El orden de Melquisedec, que Jesucristo llevó a cabo, debe continuar hasta el fin del mundo.
Esta es la ley perfecta del nuevo pacto a través de la cual doramos a Dios en espíritu y en verdad.