Así como hay un tiempo para todo y una hora para todo lo se quiere debajo del cielo, nuestra vida de fe también tiene un propósito claro: la salvación de nuestras almas, es decir, recibir la vida eterna.
Para nuestra salvación, Dios llevó a cabo su obra de redención durante seis mil años, dividiéndola en tres épocas: la época del Padre, la época del Hijo y la época del Espíritu Santo, y nos dio un nombre diferente del Salvador en cada época.
En la época del Padre, el nombre del Salvador era Jehová. Cuando la época cambió a la época del Hijo, fue Jesús. Ahora, sin embargo, vivimos en la época del Espíritu Santo. Por lo tanto, la salvación no se puede recibir a través del nombre de Jehová o del nombre de Jesús. Solo conociendo el nombre nuevo de Jesús e invocando ese nombre podemos ser salvos.
El nombre nuevo de Jesús, el nombre que concede la bendición de la vida eterna gratuitamente en la época del Espíritu Santo, es Cristo Ahnsahnghong.
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