En las regiones tropicales donde el clima cambia muy poco, los árboles a menudo no desarrollan anillos de crecimiento claros, mientras que los árboles que han sufrido cambios debido al clima, las plagas, sequías e inundaciones tienen anillos de crecimiento distintos. Del mismo modo, cada persona tiene sus propios anillos de crecimiento que determinan qué tipo de vida ha vivido para el reino de los cielos. Por lo tanto, es importante poner en práctica la voluntad de Dios con un corazón sincero para salvar un alma.
Día tras día, ya sea en su hogar o en la iglesia, cada persona va formando sus anillos de crecimiento celestiales. La actitud con la que predicamos el Evangelio, asistimos al culto y oramos, determina nuestros anillos de crecimiento celestiales. A cada persona se le concederán bendiciones y galardones según corresponda.
He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Apocalipsis 22:12
Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Gálatas 6:8–9
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