Así como Dios tuvo un gran propósito al bendecir a los israelitas después de sus cuarenta años en el desierto, hoy, Dios puede poner dificultades y obstáculos en nuestro camino de fe, pero su propósito final es perfeccionar nuestras almas y concedernos las bendiciones del reino de los cielos.
La tierra es una prisión espiritual donde los ángeles celestiales que habían cometido graves pecados fueron arrojados para vivir. Por eso, en esta tierra, los momentos de dolor y sufrimiento ocurren con más frecuencia que los de paz y felicidad. Para borrar estos pecados de la humanidad, Dios derramó su sangre en la cruz y abrió el camino para que regresemos al reino de los cielos a través de la Pascua del nuevo pacto, el camino para el perdón de pecados.
que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; Deuteronomio 8:16
Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:10
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