El apóstol Pablo se convirtió en un gran profeta porque había sido testigo de la gloria del tercer cielo. Dentro del vasto universo que la humanidad no puede comprender, Dios ha preparado un futuro glorioso para nosotros. Por eso, él nos ha llamado a tener una perspectiva más amplia, a no mirar a la tierra, sino al universo, es decir, al reino de los cielos.
Debemos superar las dificultades de hoy centrándonos en la gloria del reino de los cielos y el brillante futuro que nos espera allí. Si no creemos en el reino de los cielos, finalmente perderemos la fe en medio de un sufrimiento temporal y abandonaremos la verdad. Sin embargo, si realmente comprendemos la realidad del reino de los cielos, nuestra fe crecerá día a día, permitiéndonos participar de su gloria.
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Romanos 8:6
Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Romanos 8:24–25
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