Como está escrito: «Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución», y como dijo Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí […] tome su cruz, y sígame», un breve momento de aflicción acompañará inevitablemente la vida de todos los que viven para la gloria del reino de los cielos.
Esaú y Judas Iscariote vivieron según la carne, persiguiendo los deleites del pecado y, finalmente, perdieron las bendiciones del reino de los cielos. Sin embargo, Moisés, Jacob, Daniel y sus tres amigos superaron las dificultades valorando más el gozo del cielo. Del mismo modo, los miembros de la Iglesia de Dios ponen su esperanza en el placer del cielo prometido por Dios, dedicándose a predicar las bendiciones del nuevo pacto, el Día de Reposo y la Pascua, tal como él le ordenó.
Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Hebreos 11:24–26
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